En la mitologÃa peruana, se suelen encontrar historias que se han difundido a tal punto, que sufren pequeñas variaciones. Y hoy en dÃa resultan pertenecer no a uno, sino a múltiples poblados, y es difÃcil definir su origen.
Una de estas historias es la que narraré a continuación… y he de confesar que ignoro el lugar de donde viene. Yo la conocà asÃ:
Recuerdo haber llegado al poblado de Aija en Ancash. Junto a la banca de los “peones” (obreros del campo), reposaba el más anciano de la casa. Narraba a sus nietos la historia de un niño de orejas puntiagudas y de largos cabellos. El cual atraÃdo por la dinámica del agua sobre las ruedas de un viejo molino de piedra, de esos que cumplen su función impulsados por la fuerza de los rÃos serranos; logró detener su movimiento lo cual permitÃa apreciar lo descomunal de su fuerza.
Contaba también que a dicho pequeño le gustaba engañar a los viajeros, pedir que lo carguen argumentando estar cansado, y Una vez conseguido este objetivo, se aferraba a ellos, haciéndolos caminar y perderse por senderos extraños.
La curiosidad me obligó a acercarme y preguntar de quien se trataba y si en realidad habÃa visto semejante criatura.
Entonces con la cabeza afirmó la existencia del personaje de su relato y culminó diciendo “El Ichic Ollcu. Un pequeño cuyas heces desprenden el hedor del azufre y cuya fuerza se debe al hecho de ser hijo del mismÃsimo demonio”.
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