CRÓNICA DE UNA VISITA AL LAGO DE LAS ALTURAS: EL LAGO TITICACA (PARTE 2)

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La mañana siguiente nos esperaba un rico desayuno típico, mate de coca, pan y queso serrano. La dueña de la casa nos sorprendió con trajes típicos de la isla Amantaní y nos invitó a ponérnoslos. Fue un momento inolvidable, ya que era una vestimenta de colores hermosos que combinaban perfectamente con el paisaje por el que estábamos rodeados. Nos tomamos fotos con vistas alucinantes del lago, nos alistamos, nos despedimos de los dueños de casa y partimos hacia la isla Taquile.

El barco hizo un viaje de aproximadamente dos horas hacia la isla Taquile. Nos volvimos a unir con los canadienses del día anterior (ellos se quedaron en otra parte de la isla Amantaní) y se formó nuevamente un grupo muy interesante de personas de todas las edades, entre 20 y 70 años. Estos barcos tenían una especie de segundo piso, en donde se podía estar al aire libre y el clima se prestaba para subir. En el camino pude conectarme con la inmensidad del lago, tuve tiempo de echarme y sentir, sólo sentir mi presencia unida a todo.

Al llegar a la isla de Taquile, que es una isla parecida a Amantaní pero con pobladores con costumbres ligeramente diferentes, pudimos gozar de una caminata conociendo la plaza del lugar, las costumbres, la forma en cómo estaba formada su sociedad y terminamos con un rico almuerzo que constaba de sopa caliente, trucha y arroz, frente a la inmensidad infinita del lago, esta vez, al aire libre.

Al término, era la hora de partir. Bajamos hacia nuestro barco, no sin antes disfrutar un rato en las orillas del lago, que más parecía una playa con arena y olas. Ya en el barco de vuelta, tuve la grandiosa oportunidad de poder conversar más a fondo con este grupo de amables canadienses. Realmente personas de admirar que tuvieron mucha afinidad conmigo. Me enteré que regresábamos a Lima en el mismo vuelo esa misma noche. Ahora los tengo a todos en mis redes sociales. Esto es lo que hace los viajes maravillosos.

A la llegada, un bus nos esperaba a Benedikt, Rhonda (mis amigos alemanes) y a mi. A ellos los llevaron hasta un punto cerca a la plaza y llegó la despedida. Es raro cuando en dos días le tomas cariño a alguien y debe irse. Pero es así, se quedaron ahí. Su siguiente destino, las Islas de Pascua y luego Nueza Zelanda a trabajar unos cuantos meses para recuperar lo que invirtieron en este viaje de 6 meses. A mi me tocaba visitar las Chullpas de Sillustani camino al aeropuerto, y así fue.

Luego de una hora de andar, Anita mi guía y yo bajamos en las Chullpas, increíbles monumentos de piedra, los cuales se dice que fueron utilizados como lugares de entierro. Estos se encuentran al lado del lago Umayo, el cual se veía hermoso con el atardecer de ese día. Anita terminó de explicarme un poco de la historia y bajamos nuevamente al bus que me llevaría al aeropuerto de Juliaca para mi regreso a Lima.

Fueron 3 días que se pasaron bastante lento, ya que pude disfrutar cada segundo del viaje tomando en cuenta que estuve “sola”, pero siempre acompañada de gente buena de todo el mundo. Atrévanse aunque sea una vez en su vida a hacer viajes solos, cortos o largos, es ahí donde uno realmente se conecta con lo que importa: con uno mismo y la naturaleza (que finalmente viene siendo lo mismo). Viajen!.

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